
Cartografías expandidas: una oportunidad para los procesos autogestionados
El Coloquio Stencilero, como organización comprometida con la promoción del corte continuo y el pinte constante, ha mantenido siempre abierta la puerta a iniciativas que permitan visibilizar sus procesos sociales, educativos y culturales dentro del territorio. Por eso, al recibir la invitación para participar en la exposición “Cartografías expandidas: curaduría de curadurías autogestionadas sobre el arte urbano en Bogotá”, la decisión fue inmediata.


El proyecto, curado por la destacada Carolina Sanz —reconocida por poner en evidencia las prácticas artísticas que se gestan al margen de los grandes reflectores— y respaldado institucionalmente por el Centro Colombo Americano y su sala Street Lab, representaba un espacio ideal para amplificar la voz del festival y de quienes lo construyen desde la calle.
Una apuesta por el corte y quienes lo ejecutan
El principal desafío para el Coloquio consistió en crear una muestra que, desde formatos pequeños, evidenciara la maestría técnica de los cortadores invitados. A ello se sumó un propósito más profundo: abrir el espacio a artistas del stencil que rara vez son convocados a exposiciones de corte institucional, descentralizando la mirada habitual sobre la práctica en Bogotá y ampliando el mapa artístico.
De esta intención nació la muestra “No los de 100pre”, una colección de piezas de stencil realizadas en madera MDF de 30 x 30 cm, donde más de 20 artesanos del corte —entre ellos Tosco, Nervioso, Samo, Salsa, Moscú, Iracunda, Vittoria, Vann y otros colegas del pinte— presentaron cortes minuciosos que conformaron un panorama diverso, vibrante y representativo del universo stencilero. Una invitación abierta al público para explorar, desde múltiples miradas, la potencia visual y conceptual del corte.




El territorio como columna vertebral
La exposición no se limitó a la exhibición de cortes. También convocó al Coloquio a narrar —en una sola pared— los cuatro años que el festival ha sembrado en los barrios populares, especialmente en La Estancia. La pregunta era cómo condensar su historia sin perder su esencia comunitaria.
La respuesta surgió desde lo icónico:


La bolirana, juego tradicional del barrio y símbolo de ocio popular, se convirtió en pieza central de la instalación, intervenida con obras representativas del festival.


El balón, protagonista de los banquitazos navideños, reforzó el vínculo entre fútbol, comunidad y estética del barrio.


Las competencias de corte fueron homenajeadas mediante fotografías de sus ganadores, celebrando la camaradería, la creatividad y la disciplina que han definido al Coloquio desde su origen.
Todo esto fue presentado bajo la emblemática fuente vernácula que caracteriza al comercio popular: esos rótulos hechos a mano que narran la identidad vibrante, honesta y directa de los barrios. Esta elección gráfica reafirma la esencia del Coloquio: no observar el territorio desde afuera, sino vivirlo, caminarlo y construir desde él.


Un cierre agradecido
El Coloquio extiende su gratitud a cada artista participante, al equipo responsable del desarrollo de estas actividades y al Centro Colombo Americano, y especialmente a Carolina Sanz, cuyo compromiso y sensibilidad hicieron de esta exposición un espacio fiel a la voz de las calles y a quienes las habitan.
































