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GOAT — Rituales, evocaciones y transformaciones animales

Abrimos espacio en este blog para celebrar una de las novedades más potentes de esta quinta versión del Coloquio: la participación de GOAT, un cortador cuyo trabajo se sostiene en la minucia, el rigor técnico y una sensibilidad estética que convierte cada plantilla en un manifiesto visual. Sus murales dialogan con lo ritual, lo animal y lo fantástico, articulando símbolos que invitan a detenerse, observar y leer con detenimiento cada trazo, cada corte y cada capa de color.



Su obra en La Estancia es prueba de ello. Este mural no sólo sorprende por la intensidad cromática —un azul vibrante que se impone sobre un fondo púrpura texturizado— sino por la manera en que GOAT concibe la anatomía del felino: un cuerpo erguido sobre dos patas, desplazado de su condición animal hacia una postura híbrida, casi humana. Este gesto corporal marca el primer umbral de transformación. A partir de allí, el cuerpo se vuelve territorio simbólico: cuernos, alas membranosas, cola reptiliana y la multiplicación de los ojos —elemento recurrente en su obra— sugieren un animal expandido en percepción, una criatura que no sólo mira, sino que intuye, recuerda y vigila el entorno desde otros planos de la experiencia.


El mural se articula sobre un gran pentagrama en llamas, símbolo que no opera aquí como mero ornamento, sino como portal ritual: un espacio de tránsito entre lo real y lo mítico. A su alrededor orbitan seis ratones espectrales, figuras luminosas que flotan en tonalidades neón, convertidas en presencias etéreas que evocan la memoria de algo que existió y que ahora se desplaza al territorio del mito. La pieza, más que una escena fantástica, se inscribe en el tejido emocional del barrio y de quienes lo habitan.




Y es precisamente en esa relación con el territorio donde la obra adquiere su fuerza narrativa. La propietaria del muro, la señora Gloria —vecina del sector por más de 30 años— compartió con el Coloquio su deseo de tener en su fachada la imagen de un gato, como una forma simbólica de protección frente a una antigua plaga de roedores que afectó su vivienda y que dejó una huella emocional profunda. GOAT retoma ese relato y lo transforma en ritual: el felino monumental aparece como guardián, protector y amuleto, mientras los ratones sobreviven únicamente como fantasmas de un recuerdo que se busca conjurar y dejar atrás.

La obra, además, dialoga de manera orgánica con el eje felino de esta versión del Coloquio, en sintonía conceptual con las intervenciones de La Duende y Tozkuz. No es coincidencia: es correspondencia gráfica y narrativa, un hilo iconográfico que conecta distintas visiones en un mismo territorio.


            


Así, este mural no es únicamente pintura sobre muro: es memoria, exorcismo, metáfora y protección. Es una pieza que nace de la conversación entre artista, comunidad y contexto, y que encuentra su sentido pleno en la experiencia cotidiana de quienes pasan frente a ella.



El Coloquio agradece profundamente a GOAT por su participación en esta versión del festival e invita a quienes visitan nuestra galería a cielo abierto a acercarse a este mural en el barrio La Estancia —capital mundial del corte— y a conocer más de su obra siguiendo su trabajo en redes y futuras intervenciones.

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